Los juicios del Fila Brasileiro

Artículo de Américo Cardoso dos Santos, Jr.
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El objetivo básico de las exposiciones caninas es mostrar al público interesado y a los otros criadores los mejores ejemplares de cada criadero. Esos animales, en esas ocasiones, son sometidos a la apreciación de un juez que irá evaluando las cualidades y defectos de cada uno. Como consecuencia de ese juicio todos los perros, dentro de su categoría, por edad y por sexo, deberán ser calificados y clasificados. La calificación resulta de la comparación de cada individuo con el patrón racial, que es una descripción minuciosa del ejemplar absolutamente perfecto. El estándar, además de esto último, relaciona las principales faltas o defectos, de acuerdo con su importancia o gravedad, orientando al juez en cuanto a los diferentes grados de penalización que pueden ser aplicados. Es sabido que en la práctica no existen individuos absolutamente perfectos e incluso un animal puntero seguramente presentará algunas pocas faltas leves. Cuando un perro sea portador de un defecto tan grave que el estándar lo considere descalificante ese animal será considerado “insuficiente” y deberá ser excluido de los juicios y, evidentemente, de la reproducción. Los ejemplares de pocas cualidades y varias faltas (aunque ninguna descalificante) recibirán la calificación de “regular”. Y así sucesivamente, de acuerdo con la cantidad e intensidad de los puntos positivos y negativos (siempre en comparación con el estándar) el juez irá calificando cada perro con “bueno”, “muy bueno” o hasta incluso “óptimo” cuando el ejemplar es prácticamente perfecto.

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De entre los que reciben la calificación de “regular”, es natural que pueda haber una relativa heterogeneidad, pues todos ellos se apartan en varios aspectos del estándar, y no necesariamente de la misma manera. O sea, el defecto de uno puede ser una estructura un tanto menuda, con masa y osamenta más leves de lo deseado; mientras que otro puede pecar de la falta opuesta: tamaño tendiendo al gigantismo y constitución excesivamente pesada. Es importante precisar que a partir de cierta intensidad, llegando a comprometer la caracterización racial, esas faltas pasarán a ser descalificantes. Los animales calificados como “bueno” ya están más próximos al estándar y deberán constituir un grupo menos heterogéneo. Los “muy bueno” son individuos de alta calidad, debiendo formar un conjunto bastante uniforme.

Naturalmente, los “óptimos”, que representan la casi perfección, deben ser, todos, un espejo del estándar y presentar absoluta homogeneidad en conjunto.

Después de la calificación el paso siguiente es la clasificación: cuando el juez, comparando cada participante con los demás, deberá colocar todos por orden de calidad. Es evidente que esa calificación tendrá que ser coherente con las calificaciones ya otorgadas; o sea, en el caso de que haya un “óptimo”, éste será, obviamente, el primer colocado. Habiendo, por ejemplo, seguidamente dos “muy buenos” el juez deberá entre ellos escoger al segundo y tercero. Después pasará a clasificar a los calificados como “buenos” y por último los “regulares”. La gran importancia de todo este proceso radica en la posibilidad de identificación de los mejores individuos, de los mejores linajes y de los avances en el trabajo de mejora genética alcanzados por los diferentes criadores. A pesar de que no siempre el ejemplar más perfecto y más premiado en los rings se revela en la práctica como el mejor reproductor, el primer paso en un trabajo de selección debe ser esa identificación de los animales más próximos al ideal buscado. Evaluar el genotipo de esos perros mediante el análisis de su descendencia es tarea importantísima; sin embargo se trata de un asunto muy extenso y que escapa de los propósitos de esta materia. Entretanto en las exposiciones también es posible tener una idea del potencial reproductor de algunos ejemplares, en las clases en que son juzgadas las progenies de padre y de madre.

En esas categorías, además de la evaluación de las cualidades y defectos de cada componente del conjunto, también se valora, sobre todo, la homogeneidad transmitida por el reproductor o reproductora.

A la hora de juzgar al Fila Brasileiro no se puede dejar de tener en mente algunos aspectos históricos, antiguos y recientes, con fuerte influencia en la raza. El Fila no tuvo un origen deliberadamente programado, como fue el caso, por ejemplo, del Dogo Argentino. Su formación fue la resultante de un proceso relativamente largo de caldeamiento entre diversas razas europeas traídas por los colonizadores a Brasil con objetivos funcionales diversos: guarda de propiedades rurales, caza de los depredadores de los rebaños y trabajo con ganado bovino. La selección natural actuó intensamente eliminando a los más débiles y menos aptos. Y hubo, evidentemente, la influencia de los criadores que, aunque de forma empírica, valoraban más los ejemplares que mejor desempeñaban las funciones para las cuales eran destinados. No cabe aquí defender hipótesis sobre los cruces, casuales o dirigidos, entre las razas que hubieran influenciado más o menos intensamente en la formación del Fila.

El hecho objetivo es que en la primera mitad de este siglo había un plantel de perros de visible homogeneidad, con temperamento muy fuerte, pelo corto y constitución molosoide, distribuido por diversas regiones de Brasil, principalmente por el sur del estado de Minas Gerais. Esos animales no constituían oficialmente una raza reconocida y recibían denominaciones variadas conforme a la tradición local: cabezudo, boyero, cazador de onzas (jaguar), perro de presa. Mas las evidencias indicaban que se trataba de linajes muy antiguos, de apariencia y comportamiento bastante uniformes y mantenidos tradicionalmente por muchas generaciones de propietarios rurales.

El abogado Paulo Santos Cruz, de la ciudad de Santos, habiendo oído hablar de esos perros e interesado principalmente por su fuerte aptitud natural para la guarda, a partir del inicio de la década de los cuarenta comenzó a recorrer ciudades y haciendas del interior, comprando cachorros y adultos que serían la base del futuro canil Parnapuán. Evidentemente, de entre los muchos animales adquiridos de tantos orígenes diferentes había tipos y niveles de calidad relativamente variados.

Con el análisis del resultado de esa crianza, seleccionando los mejores y eliminando los otros, con la conquista de nuevos aficionados que también pasaron a criar, se fue alcanzando y expandiendo un plantel con características bien definidas en estructura y temperamento. Así fue dirigido por aquel pionero el primer patrón de raza y el Fila pasó a ser reconocido internacionalmente. Debe quedar bien claro que ese trabajo no fue de formación de una nueva raza por medio de cruces dirigidos y con la adición de sangre exótica. Fue sólo selección estudiada hecha a partir de los perros de antiguos linajes mantenidos en estado de pureza desde tiempos muy remotos.

En la década de los setenta el Fila se fue convirtiendo en la raza más popular y más numerosa del Brasil. En virtud de ello los intereses comerciales, aliados con la ignorancia y la falta de respeto por un patrimonio genético secular e imposible de ser creado de nuevo después de extinto, llevaron a muchos propietarios de grandes criaderos a iniciar un desastroso proceso de mestizaje con otras razas en busca de características exóticas.

Se intentó así producir y vender por precios más altos “Filas” de color negro, de tamaño gigantesco y de temperamento más blando, atendiendo a los más diferentes gustos personales de cada comprador. La situación pasó a ser muy grave porque, además del hecho de que esos mestizos, cruzándose entre sí, se convirtieron en gran mayoría, todos ellos eran registrados por el Brasil Kennel Club, órgano oficial de la cinofilia brasileña de aquella época, como si fueran de pura raza; y los “pedigrees” eran admitidos a millares, conteniendo genealogías absolutamente falsas.

Tampoco es objetivo de este artículo detallar la heterogeneidad escandalosa a que llegaron aquellos perros; la constatación evidente que el Fila puro estaba prácticamente extinto; el surgimiento de CAFIB; los largos viajes, durante tantos años, recorriendo nuevamente los antiguos caminos trillados por el doctor Paulo Santos Cruz décadas antes; las dificultades para encontrar y rescatar los últimos remanentes de la crianza tradicional en viejas haciendas; la elaboración de rígidos reglamentos de selección y de exposiciones; los desentendimientos políticos de la cinofilia y finalmente la recuperación del Fila Brasileiro. Sobre todo eso CAFIB publicó un gran número de artículos en sus boletines. Mas todo juez debe acordarse de esos hechos y tener conciencia de que muchos mestizos, con pedigree de puros dejaron su descendencia en Brasil y en el exterior.

En el transcurso de este proceso histórico mencionado, el juicio del Fila acaba teniendo connotaciones peculiares. Los perros hoy, para participar en las exposiciones, deben antes pasar por un análisis de fenotipo y temperamento, que constituye una preselección. Solamente serán admitidos en el ring, para ser calificados y clasificados, a los aprobados. Los portadores de faltas descalificantes ya son reprobados en el análisis y no podrán participar en exposiciones ni en programas de cría.

Esos análisis, que representaron el primer paso para la reconstrucción de la raza a partir de 1978, continúan abiertos para perros de origen desconocido que, en caso de ser aprobados, recibirán un registro inicial. Son también obligatorios para todos los ejemplares, incluso con registro de origen de CAFIB, a partir de un año de edad y es requisito indispensable el aprobarlos para que los machos y hembras puedan reproducir. El objetivo evidente es la continuidad de la selección y la eliminación de los individuos portadores de genes indeseables. Por razones prácticas, los cachorros de hasta doce meses que tengan registro de origen de CAFIB se pueden inscribir directamente en las exposiciones, estando, hasta esa edad, provisionalmente dispensados del análisis. Sin embargo esto no impide que, eventualmente, en el caso de constatarse faltas descalificantes, puedan ya ser considerados “insuficientes”.

El juicio del Fila incluye la evaluación de una serie de atributos que, didácticamente, pueden ser agrupados en tres ítems:

  1. Caracterización racial y tipicidad.
  2. Anatomía y estructura.
  3. Temperamento y sistema nervioso.

Es evidente que un buen perro debe presentar un conjunto de cualidades que englobe esos tres aspectos; las faltas descalificantes en apenas uno de ellos ya deben constituir motivo para su reprobación. El asunto es muy extenso y aquí serán abordados de manera resumida apenas los puntos más importantes o que puedan suscitar dudas.

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CARACTERIZACION RACIAL Y TIPICIDAD

Aunque los principales aspectos de este punto evidentemente puedan ser descritos y explicados, una buena interpretación del estándar y su aplicación correcta en los juicios exigen experiencia práctica. Una excelente expresión racial es muy difícil de definir; sin embargo es inconfundible cuando está presente.

La parte más expresiva, en lo que respecta a tipicidad, es la cabeza. Esta debe ser proporcionalmente grande, robusta y pesada, aunque sin exageración. Deben valorarse la apariencia de masculinidad en los machos y de feminidad en las hembras. Sin embargo debe penalizarse con más rigor un perro de cabeza femenina que una hembra de cabeza masculina.

Vista de perfil, las líneas superior del hocico y superior del cráneo deben ser prácticamente de la misma longitud y separadas por un stop muy suave, definido más por los arcos supraciliares que por el hueso frontal. Esas líneas deben presentar ejes paralelos, aunque no deban ser perfectamente rectas o planas: la del cráneo es levemente convexa formando una curva baja, suave y regular desde el stop hasta el occipital; la del hocico a veces muestra un discreto cambio de dirección, llamada nariz romana. Las orejas son grandes, posicionadas en la parte más trasera del cráneo y de inserción baja; la referencia para esa apreciación es una línea imaginaria que une la punta de la nariz con el occipital, el cual, a su vez, debe ser bien visible, destacándose de la línea de la nuca. La profundidad del hocico no debe ser mayor que su longitud. Y su línea inferior debe ser bien definida, sin confundirse con los pliegues de la garganta. Todo lo que se aparte de esta descripción constituye atipicidad y un conjunto de faltas acentuadas en estos aspectos indica ausencia de pureza racial.

Un punto a ser resaltado es el eje cráneo-nasal del Fila, pues algunos jueces, principalmente de países europeos, tienen dudas al respecto. En las diversas razas de molosos es común un perfil de líneas convergentes, con stop bien definido y hocico más o menos corto, favoreciendo la presencia de prognatismo inferior. Esos atributos no son típicos del Fila y su presencia desvirtúa mucho la cabeza y la expresión racial; dependiendo de su intensidad serán evidencias de mestizaje y deberán llevar a la descalificación del ejemplar.

Un perfil rectilíneo con stop suave, un hocico de buena longitud y con una caña nasal que favorezca un olfato agudo, son características comunes en los perros rastreadores de las razas bracoides. Sin embargo son también, indiscutiblemente, atributos típicos del Fila, que seguramente recibió en el período de su formación alguna influencia de sabuesos traídos de Europa.

Visto de frente, el hocico debe ser ancho, permitiendo una buena implantación de las raíces dentarias y con rima labial redondeada. Unas parótidas prominentes y una rima labial en ángulo cerrado, formando una “uve” invertida, son faltas comunes en los perros mestizos. Es evidente que un juez ducho y sensato sabrá que cuando una de esas faltas aparece aislada no significa necesariamente indicio de mestizaje. Cuando un perro, a pesar de su buena expresión y líneas típicas, muestre como defecto una constitución más larguirucho y menos robusta, muchas veces presentará también una cabeza un tanto estrecha. En ese caso una rima labial más cerrada será consecuencia casi inevitable de un problema anatómico, y no causada por el mestizaje.

En la garganta, las “barbelas” son formadas por dos pliegues paralelos y bien definidos de piel suelta que salen de la parte más posterior de la base de la mandíbula y descienden en dirección al pecho. Las arrugas indefinidas en sentido transversal, formando papada o ausencia de piel suelta dejando la garganta “seca” son fuertes indicios de mestizaje. Esta piel suelta y gruesa no sólo en la garganta, sino también en el resto del cuerpo, es muy típica del Fila y surgió como una defensa natural resultante de una selección y de una adaptación a determinadas condiciones. En el combate con depredadores de los rebaños, entre ellos grandes felinos, los perros de piel fina y bien adherida al cuerpo eran, evidentemente, mucho más vulnerables y sujetos a heridas más graves, lo que les daba menores posibilidades de supervivencia, y por lo tanto de reproducirse.

En el movimiento también existen características de tipicidad bien peculiares del Fila. La cabeza acostumbra a llevarse por debajo de la línea del dorso y el andar es muy elástico, recordando bastante al de los grandes felinos. El desplazamiento al paso es en, dos tiempos, por bípedos laterales perfectamente asociados, o sea mueve las piernas delantera y trasera del mismo lado, exactamente al mismo tiempo, y después, las del otro lado de la misma forma. El trote es normal, debiendo presentar una cadencia correcta, suavidad a pesar de su constitución grande y molosoide, elasticidad y buena cobertura de terreno, con zancadas largas, flexibles y con impulsión.

Al final de la década de los setenta, cuando el auge del mestizaje llevó a la formación de CAFIB (en la época, Comissao de Aprimoramento do Fila Brasileiro), uno de los temas que más polémicas despertaron de entre los aspectos de caracterización racial fue la de la coloración del pelaje. Hoy en día, felizmente, este asunto, ya tan desgastado, no está más en evidencia. No hay, por tanto, necesidad de desenterrar los argumentos que años atrás tantas páginas ocuparon en las revistas, periódicos y libros. Basta una afirmación corta y categórica: el Fila negro no existe y nunca existió.

Realmente son dos los colores básicos típicos de la raza: el amarillo (desde el bayo claro hasta el dorado o castaño dorado) y el atigrado, constituido por rayas negras, irregularmente espaciadas, aunque bien definidas, sobre un fondo amarillo de las tonalidades descritas. La máscara negra (frecuentemente acompañada de orejas oscuras), aunque no es obligatoria, le da belleza a la expresión; sin embargo su ausencia no es motivo de penalización. Las manchas blancas, incluso grandes, son permitidas, aunque en la práctica la selección, indirectamente, venga propiciando la disminución del número de ejemplares con esta característica. Pero solamente constituyen falta cuando están dispuestas de manera nítidamente asimétrica o cuando, sobre un fondo blanco, aparecen manchas o pintas oscuras en la piel o en el pelo. Cualquier despigmentación es indeseable. Los perros totalmente blancos no son admitidos, incluso cuando no sean albinos.

Además de los dos colores básicos citados también se admite el ceniza plateado y, en un pelaje amarillo, una tonalidad acenizada, así como una sombra ahumada de pelos negros salpicando el cráneo y la línea dorsal. Con el pretexto de que son características presentes en algunos ejemplares de linajes antiguos existen criadores que valoran estos atributos. Es bueno recordar que no todo lo que aparecía en el inicio de la selección del Fila era necesariamente cualidad relevante a ser preservada, y que seleccionar priorizando detalles de poca importancia, y que, cada vez más, en la práctica van siendo raros, acaba por desviar al criador de la dirección correcta en la búsqueda de la mejora genética.

Entre los mestizos, además del color negro, son relativamente comunes los atigrados, en los que las rayas oscuras están tan próximas unas de otras que se juntan, formando manchas de contornos mal definidos. Esto también constituye una falta descalificante.

ANATOMIA Y ESTRUCTURA

Este apartado no pretende formar a nuevos jueces, sino esclarecer dudas durante los juicios. Por ello no es necesaria una descripción de las características anatómicas de músculos y huesos, comunes a cualquier raza. Es evidente que, tanto en el Fila como en el resto de las razas, deben ser valorados unos aplomos anteriores y posteriores bien posicionados, unas angulaciones correctas, unas proporciones armoniosas y equilibradas y consecuentemente un movimiento perfecto.

La figura debe ser rectangular, o sea el Fila es un perro más largo que alto. Principalmente por ser una raza de trabajo es muy importante una buena estructura funcional. Su constitución es de molosoide, compacta y de tamaño grande. A veces estas características aparecen exageradas, principalmente en los mestizos. El gigantismo y una figura paquidérmica son altamente indeseables, y casi siempre vienen acompañados de muchos defectos de estructura. Además de ello, comúnmente, tienen un comportamiento más linfático, impropio para cualquier actividad funcional. Cuando la figura es longilínea, muchas veces con un cuerpo cuadrado, aparece una fuerte sospecha de mestizaje con Dogo Alemán.

Un punto de la estructura que es bien propio del Fila es la línea superior. Esta, viniendo desde la cruz, en un punto denominado “bisagra”, cambia la dirección y pasa a ascender suavemente hasta el ilíaco o punta anterior de la grupa. Un dorso recto, ensillado o encarpado constituyen faltas.

Los tiempos modernos y los avances de la tecnología fueron haciendo que la importancia práctica de los perros de trabajo fuera disminuyendo. Por ello, la cinofilia actual viene, cada vez más, valorando aspectos principalmente estéticos en todas las razas. Los animales entran en los rings cuidadosamente preparados y excesivamente condicionados a permanecer absolutamente inmóviles, sin ninguna reacción espontánea de comportamiento. El modo de presentación es extremadamente valorado y eso hace surgir la figura de los presentadores profesionales o “handlers”. El lado triste de este cuadro es la neutralización de los aspectos precisamente más importantes de la milenario relación entre el hombre y el perro. No sería pertinente extenderse en consideraciones sobre este asunto y filosofar sobre el prisma ético de la cuestión. En verdad, esa tendencia de la cinofilia es inevitable y se manifiesta también en Brasil. Sin embargo, el Fila Brasileiro auténtico, con su genio impetuoso y su manifiesta aversión a los extraños, tal vez sea la única raza del mundo absolutamente incompatible con ese modelo de exposiciones. Y el CAFIB continúa analizando y seleccionando por los criterios tradicionales.

Hemos notado que jueces extranjeros que nos han acompañado en nuestras exposiciones muchas veces mostraban una tendencia a dar gran atención a los detalles, a nuestro modo de ver de menor importancia, como la posición o el tamaño de determinadas manchas blancas en el pelaje, o una cola más corta, más larga o formando una curva más acentuada que el ideal descrito en el estándar. Sin embargo, un buen equilibrio es siempre fundamental, y es evidente que los pequeños defectos no deben ser considerados muy importantes mientras no rebasen una determinada intensidad. Un Fila con una cola enrollada como la de un Akita sería poseedor de una atipicidad inaceptable. Lo que precisa quedar bien claro es que el Fila Brasileiro no puede ser juzgado por los mismos principios y parámetros que se usan para, por ejemplo, un Dálmata.

Los perros de todas las razas que vemos en los rings son realmente criados con la finalidad específica de ser expuestos, juzgados y, si fuera posible, premiados. Por tanto su desempeño en la exposición, su presentación impecable y la conquista de los eventuales trofeos se convierten de hecho en su objetivo máximo. Por ello el Fila en un ring está fuera de lugar, fuera de su ambiente y lejos de sus funciones. Y el juez tiene que saber eso, debiendo, por tanto, antes de observar pormenores, evaluar el aspecto general de cada ejemplar, mirar al perro en su conjunto, incluso su modo espontáneo de caminar, de mirar a su alrededor, sus reacciones cuando alguien se aproxima, su comportamiento con el dueño. Precisa imaginar cuáles serían las condiciones de aquellos animales en el desempeño de sus funciones de trabajo y valorar más los atributos realmente importantes para ello. Y además de eso debe hasta intentar adivinar cuál de ellos mejor transmitirá sus cualidades a su progenie. Hay que tener siempre en cuenta que la principal función del juez es orientar a los criadores en la selección de los ejemplares más adecuados para un programa de selección genética. Y no se puede olvidar que, inevitablemente, los más premiados serán más solicitados como reproductores, y por tanto tendrán gran influencia en las generaciones siguientes.

Existen otros puntos importantes en la estructura del Fila, mas no precisan ser comentadas en este artículo, pues están claramente definidos en el estándar.

TEMPERAMENTO Y SISTEMA NERVIOSO

Se ha escrito mucho sobre el temperamento del Fila. El asunto es prácticamente inagotable y no podría en esta ocasión ser profundamente abordada. Pretendemos apenas comentar los aspectos importantes durante los juicios, puesto que el estándar de la raza exige la evaluación del temperamento y sistema nervioso de todos los perros, machos y hembras, a partir de un año de edad.

Es sabido que el Fila es un perro de acentuado instinto de guarda, que de forma natural siente profunda aversión por las personas que no conoce y demuestra claramente sus sentimientos, atacando con gran agresividad. Su coraje es impresionante, no debiendo intimidarse ante ningún tipo de amenaza. Sin embargo, esas reacciones no deben revelar nerviosismo o comportamiento agitado; debe ser un perro sereno, seguro de sí mismo y con autoconfianza en cualquier ambiente, sin manifestar ningún tipo de descontrol ante ruidos inesperados o disparos de fogueo (obligatorios en las exposiciones).

Estas son características naturales y muy típicas de la raza, siendo por ello necesario preservarlas. Mas es fundamental que el juez tenga en mente que las pruebas de temperamento hechas en las exposiciones de Filas no deben ser vistas como exhibiciones de adiestramiento. En algunas razas de perros de guarda y de policía también se hacen tests y demostraciones simulando situaciones de ataque, donde se persigue principalmente sopesar el nivel de obediencia y condicionamiento de los animales. Con el Fila es bien diferente: deben valorarse las reacciones espontáneas e instintivas, pues solamente éstas serán transmitidas hereditariamente a las generaciones siguientes.

Las pruebas de ataque no siguen un modelo preestablecido y la forma en que se realizan queda a criterio del juez. Normalmente un figurante con manga de protección en el brazo amenaza al perro con un objeto cualquiera: vara, escoba, silla, paraguas. La reacción ideal es un ataque espontáneo, inmediato, impetuoso, en diagonal ascendente y sin la menor demostración de timidez, inseguridad o dependencia del dueño. Cuando el animal muerda la manga el figurante la suelta. En ese momento el perro debe escupirla, sin preocuparse más de ella, e inmediatamente continuar en su ataque contra el agresor. El disparo de un tiro no le debe provocar ninguna reacción; cuando está en reposo debe permanecer indiferente; durante un ataque tampoco debe causarle ningún tipo de conmoción o alteración de su ímpetu. Tal y como se hace al juzgar las características físicas, el juez debe penalizar los defectos de temperamento y sistema nervioso en la medida que se aparten del ideal escrito y en proporción a su intensidad, llegando incluso, si fuera el caso, a descalificar al ejemplar. No se puede olvidar que el temperamento del Fila se caracteriza también por una incondicional sumisión al dueño, y que un perro que demuestra cualquier agresividad contra las personas que debe amar y proteger debe ser severamente penalizado. También es preciso recordar que para la calificación general otorgada a cada animal el juez ha de tener en cuenta, además de las características de tipicidad y estructura, el desempeño de las pruebas de ataque.

La importancia de esos aspectos es tan grande que al final de una exposición son concedidos tres premios oficiales: mejor macho, mejor hembra y mejor temperamento. Para elegir al mejor macho y mejor hembra el juez debe considerar el conjunto equilibrado de todas las características raciales, anatómicas y funcionales; o sea el animal más completo: bien caracterizado, correctamente estructurado y con reacción positiva en las pruebas de ataque. Para la elección del mejor temperamento el único criterio es el desempeño más perfecto ante la agresión del figurante. El mejor macho o la mejor hembra pueden, dado el caso, acumular también el premio de mejor temperamento.

Es evidente que para un juicio correcto el juez debe tener, además de gran experiencia práctica, profundo conocimiento del estándar y de los reglamentos de cría y de exposiciones del CAFIB.